CARTA A MI AMIGO ENRIQUE.

El pasado viernes 19 de Julio desperté como todos los días para dar de comer a los doce perros que viven conmigo. Antes tenía que pasar al baño. Escuche que mi primo Jorge me llamaba, No conteste rápido, seguro era una de las ocurrencias de Enrique. Salí del baño, camine al patio y ya afuera levanté la cara para que me dijera que se le ofrecía al tío, ví a Jorge y a la tía Alicia llorando, ambos me dijeron en coro —El tío se nos fue primo— subí despacio las escaleras que conectan mi patio con la terraza. Pensaba que seguro era una broma o solo estaba respirando tan despacio que no lo alcanzaban a notarlo. Pase a un lado de la tía y el primo, dentro del cuarto vi a Enrique, estaba sentado en su silla de piel con respaldo alto. En el trono. Estaba tranquilo, con los ojos cerrados, parecía dormido. Error marco la pizarra, el tío en la madrugada había dejado de respirar. A el no le gustaba tanto el beisbol, pero creo la expresión le hubiera causado gracia. El beisbol lo veía para platicar conmigo, todas las tardes me preguntaba —¿Cómo van esos Yankees?, perdiendo de seguro— nunca logre entendiera que el beisbol es un maratón de 162 juegos, no un spring. La paciencia no era una de sus fortalezas.

Enrique, estos días los vecinos no han molestado. Nuestra jauría ha estado triste, excepto el sábado. No sé si por la celebración de los cincuenta años que el hombre piso la luna o porque no sales a aventarles huesos y fruta. Ha llovido diario, Didi Gregorius pegó un Grand Slam. El reloj sigue dando cucúes, ya le baje al volumen de la música. Tu risa sincera, profunda, no se escucha. ¡Hey! Enrique traje Brandy, yo invito.

La lista de pendientes de Enrique era muy larga. Tenía muchas cosas que hacer. El Jueves arreglamos su calentador de paso. Me arrojo un martillo y clavos para que todo quedará asegurado. El lunes, tres días antes, arregló las mangueras que llegan a los tinacos, para él, esto era normal, su día a día, una serie de arreglos para que funcionara su casa. La llamábamos Gaula.

Enrique, espera un poco, aún no te vayas, estamos preparando una película que escribimos juntos, ¿recuerdas?, tu ibas a ser el protagonista y yo el director, ¿Por qué dejaste de respirar de pronto?, aún teníamos cosas que hacer. Abramos una cerveza, déjame intentar convencerte de quedarte un rato mas. Estoy seguro aún tienes pendientes por hacer, además, no está todo “en orden” como supones.

Discutíamos todo el tiempo, nos gustaba cuestionar todo. Había diferencias, otras ideas, pero al final, nunca dejamos pasar mas de un día sin hablar para así, volver a discutir. Enrique era un hombre de setenta y ocho años que se consideraba un entrepreneur, y lo era, siempre tenía ideas, su mente estaba todo el tiempo ideando cosas que innovar, que hacer. El último mes sus preguntas eran existencialistas. Preguntas que, quizá, ahora el tiene la respuesta.

Discutimos muchas veces, lo arreglábamos con una copa de Brandy, si lo sé, quizá una botella, todo pasaba en la cocina, sin hablar, solo mirando el beisbol, no había ruido. Era el momento de tomar aire, recuperarnos, tomar fuerza para discutir al día siguiente, a veces de política o fútbol, quizá de cine. Todo sin decirnos palabra alguna.

Enrique escuchaba la televisión a todo volumen, yo escucho la música a todo volumen. Él era sordo por su edad, yo soy sordo por descuido. Nuestras pláticas, si las observaba alguien, vería que eran discusiones de a gritos, ninguno escuchábamos, sea por necedad o sordera, Ambos, nuestro orgullo y vanidad es, era grande, pero ambos nos queríamos, yo aún lo quiero. Yo aún lo escucho.

Nunca salí de la casa sin preguntar si necesitaba algo de la calle. ¿Por qué ese último día no me invitaste a tomar una copa más contigo?, tenía tantas cosas que opinar aún, tenías tantas cosas que enseñarme aún. Estos días que no estas durante las noches, escucho Beethoven a todo volumen, espero estés muy molesto, ven y quéjate. Tomate una copa, hoy compre una botella de Brandy.

Enrique Muñoz, arreglaba su motocicleta, sus autos, su techo, su cama. Alicia, su hermana, siempre a su lado. Licha y su hermano Arreglaron, puertas, ventanas, caminos, luz, agua, desagüe…etc. El la amaba, desde hace seis años —tiempo que convivo (convivía) con Enrique— nunca dejo de mencionarme lo importante que era Alicia para él.

Enrique, ¿Por qué te peleaste con Licha?. Alicia es la energía de la casa. Sin Licha no hay casa, no hay hogar. Ojalá traiga un postre para la comida. Enrique sirve otra copa, compartamos una cerveza. Regreso Licha. Amor incondicional. El conflicto que siempre tuviste, un hombre independiente, de zancada amplia, ansioso, autosuficiente. Ahora dependes de nosotros, Te queremos, te amamos, eres un gran hombre. Muy molesto, arrogante, vanidoso, exigente. Pero cuando sonríes y estás feliz eres único.

Enrique, fue actor, de teatro, cine y televisión, fue músico y compositor, quizá no muchos lo recuerden. Yo lo recuerdo, lo quiero. Lo quería. Lo quiero. Difícil de tratar, quizá ahora que no esté lo juzguemos, los vecinos lo critiquen y se quejen, quizá. En está época donde lo políticamente-correcto-es-la-norma, Enrique decía lo que pensaba, por eso mucha gente lo quiso y otra tanta se molestaba, sabía darse a querer, la gente lo va a extrañar, fue una persona alegre, buen anfitrión, lleno de energía, estoy seguro hasta el último respiro.

Siempre tuve un plato y un lugar en su mesa para comer. Nunca lo pedí, el me lo ofrecía con mucho cariño, así era el, no lo conocí como alguien tacaño. Siempre quiso que las personas que lo acompañaban estuvieran cómodas. Dijeran lo que pensaban.

Siempre supiste contar un chiste, espontáneo, sin que nadie lo esperara, en primera persona, como si fuera una anécdota u historía, debo ser sincero, muchas veces te ganaba la risa. Eras burlón y travieso, de pensamiento ágil. No digas más, deja le doy un trago a mi copa para decirte después lo equivocado que estás.

Enrique nunca dejo de cantar y componer, tenía unas hojas a un lado de su cama, cuando se le ocurría un verso se levantaba y lo apuntaba. Quizá eso fue, te levantaste a escribir cuando te quedaste sin aire. No para de llover desde que te fuiste, solo ha habido una noche tranquila, con cielo despejado, no haría hincapié en ello, si no fuera porque a cabo de lavar ropa y no se va a secar. Voy a fumar este cigarro mientras pienso como te equivocaste.

Enrique platicaba la pelea de Ali contra Frazier, Alí estaba agotado, ya no podía y su entrenador, Mirena, le decía que se parara “que tenía que terminar la pelea parado”… desde el round once Alí le rogaba que terminara la pelea, pero Mirena lo seguía sacando a pelear… hasta que de pronto cuando ya Alí estaba por desmayarse, Mirena le dijo sal por última vez, párate al centro de el ring es todo lo que tienes que hacer, hazlo y paro la pelea… Alí tomó fuerzas se paró de su esquina y al llegar al centro del ring, Frazier anunció que abandonaba la pelea.

Enrique, vamos un round más, tienes que terminar la pelea de pié. Hoy juegan los Yankees, traje una botella de Brandy. Tomemos una copa, discutamos un poco más, cuenta un chiste. Las estrellas no han brillado, los aviones están volando alto, los vecinos siguen en silencio. La pandilla salvaje sigue ladrando. Toma la guitarra, ponte ante el piano y canta una canción, hoy traje un Brandy tomemos aunque sea una última copa. No te vayas así, no me dejes con la mano en alto diciendo salud.

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5 comentarios

  • Hola Walter, cómo estás? Qué linda carta, muchas gracias por escribir con tanto amor para mi tito. Sabes? Yo no estoy bien y la pasó recordándolo todo el tiempo, ya lo soñé una vez y me hizo muy feliz el poder verlo por lo menos así. Soy tan feliz de haber escuchado su voz en su cumple y haber podido decirle que lo quiero mucho. Ahora escucho sus canciones, las poquitas que tengo cada que puedo y mi favorita la repito como 5 veces cada vez. Tengo tantas cosas que decir y pensamientos y frases de él que quiero poner en un texto así lindo como el tuyo. Ya te lo compartiré. Te agradezco mucho el haber siempre estado pendiente de él. Te mando un abrazo muy muy fuerte. Espero que sepas quién soy!

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    • Gracias Zelenne por tus palabras, tu tío simpre te recordaba, hablaba mucho de tí con mucho cariño, siempre estuviste en sus recuerdos. Juntaremos todas sus canciones y ya las compratiremos para escucharlas. Un fuerte abrazo, me lo saludas ahora que lo vuelvas a soñar

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  • Hola Walter soy Laura. Una de las tantas viejas de mi querido Enrique.
    No hay suficientes palabras para descubrir a Enrique. Corazón de condominio. A todos los quería.
    Yo vivo en Ecuador y cada vez que iba a México me quedaba en su casa con el y licha. Lo llevo en mente y en mi corazón. Lo ame mucho. Te lloro todos los días dolo de saber que ya no hay Enrique. Gracias por ser el padre de mi hijo.

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  • Cuando vaya a México nos tomamos la botella de whisky y tú la de brandy y brindarnos como era es. Hasta que se acabe la botella. GRACIAS POR HABER ESTADO PENDIENTE DE MI QUERIDO Y AMADO ENRIQUE.

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