EL CINE VS. VIDEOJUEGOS.

Photo by Quaid Lagan on Unsplash

Desde hace ya más de cien años, el cine ha sido un lugar mágico para las personas, todos, en algún momento de nuestras vidas pensamos ir a ver una película, cualquiera que sea, de hecho el 80% del público que asiste a una sala de cine lo hace para ir a ver cualquier película que se esté proyectando, solo el 20% de las veces una persona va al cine a ver una película en especifico.

En los ochentas y una parte de principios de los noventa del siglo pasado, aún existía matinée y permanecía voluntaria, muchos nos escapábamos de la escuela para ir al cine a ver lo que había en la pantalla. Recuerdo a los multi-cinemas que tenían entre dos y cuatro salas de cine; en muchas de las salas ponían películas en la mañana y medio día, por las noches se exhibían estrenos o Blockbuster.

Junto con mis amigos, nos metíamos a la sala de cine sin importar que película era, solo necesitábamos saber que se ajustaba a nuestro horario. El verano y los fines de semana los dejábamos para ver las grandes películas taquilleras; en ese entonces no las diferenciábamos entre arte o comerciales, mi padre solo diferenciaba como “las gringadas”, término muy ambiguo, en el entraba todo lo que no le gustaba y se hablaba en ingles.

Los videojuegos nunca me llamaron la atención, los únicos que jugué Pac-Man, Asteroides y Frogger, me aburría de ellos muy rápido, creo nunca llegue a jugar más de una hora en ninguno. A lado de los cines había lugares que tenía máquinas grandes de videojuegos; colocabas una moneda en ellos y mientras no terminaran tus oportunidades, podías seguir jugando hasta el cansancio — esté era el otro pasatiempo de mis amigos cuando se escapaban de clases.

Hoy en día los cines son complejos que tienen entre 10 y 16 salas, algunos tienen zona VIP, otros, además tienen salas para jugar videojuegos en realidad virtual.

Los últimos 20 años el cine de Hollywood ha comenzado a competir con los videojuegos, de ahí que cada vez se estrenen más películas llamadas blockbuster al año, no solo en vacaciones como era en el pasado. Pensaría uno que su competencia directa son otras películas, pero no es así, en si, Disney ha estado comprando todos los estudios para crear lo que ahora conocemos como universos, Star Wars, Superheroes, animación.

Los estrenos de las películas — las primeras semanas son las importantes para las productoras — compiten con el estreno de los nuevos videojuegos, ahora sabemos que estos cada año le roban a zancadas grandes terreno a Hollywood.

Los grandes estudios de cine en Estados Unidos se encuentran en un momento crítico. Teniendo como antecedente la historia del cine, los estudios saben que la mina de oro que ahora representan las películas de superheroes, Satar wars y parecidos va a terminar tarde o temprano cansando al público, las salas de cine están amenazadas por la creciente producción de cine de Netflix, Amazon y Appel TV.

Una de las soluciones históricas, ha sido el nacimiento de nuevas narrativas visuales, el cine Alemán de los 30´s, el Neo-realismo Italiano, la nueva ola Francesa y el Dogma; estas olas han influido en cineastas independientes, que en la búsqueda de una voz propia han aprendido de las nuevas narrativas para contar historias de manera atractiva, y diferente que lleven al público de nuevo a la sala de cine.

Hollywood apoyo de una u otra forma estos movimientos cinematográficos, sea importando o inspirando a sus cineastas independientes; tenían dinero para experimentar. Hoy con los videojuegos pisándoles los talones han tenido que aumentar la cantidad de blockbusters agotando sus recursos para apoyar a los nuevos talentos.

Aristoteles en su obra la Poética, decía que el espectáculo nunca debe de ser mayor que el arte. Cada año aumenta más la exhibición de películas que ofrecen más espectáculo que contenido artístico, hablando de la profundidad del tema, no de su nivel técnico de elaboración — esté aumenta año con año a niveles impresionantes — como resultado el público ha intercambiado contenidos que los reten a un nivel intelectual y emocional por contenidos complacientes y fáciles de digerir.

Fuera de los Estados Unidos, las producciones de cada país han estado perdiendo espacios para su exhibición — los exhibidores y algunos distribuidores no quieren tomar riesgos. Aquí en México, cada que se estrena un blockbuster ocupa hasta el 70% de las salas de cada complejo.

El objetivo de las películas que buscan generar grandes ganancias, es dar grandes porciones de adrenalina al espectador, iguales a las que genera un videojuego. Tanta carga de emoción ha reducido el deseo de la gente por tener un profundo pensamiento crítico; hoy una obra que explore la profundidad de la humanidad, es vista como larga, aburrida, soporífera, el artista cae en frustración debido a la pobre retroalimentación que recibe, deja de explorar o traicionando se espíritu se aventura, explora haciendo una película de “éxito”. El ciclo parece imposible de romper si es que no se les da espacios a estos artistas que además les pueda generar una estabilidad económica.

La historia habla de artistas que han logrado combinar arte y espectáculo; estos artistas existen cuando encuentran apoyo y público que se aventura por nuevas propuestas, cada vez es menos, notorio sobretodo en países en etapa de desarrollo.

Hemos llegado al punto que creer en algo sin tener pruebas, es inmoral. En promedio dos de cada diez personas pueden exponer razones de por que prefieren una obra a otra, basadas en un conocimiento básico cultural; basta comprender como un supermercado organiza pasillos y productos para enganchar al consumidor e imaginarnos los alcances de los motores de búsqueda que tienen google y bling. Politicos y las nuevas tecnologías se fortalecen haciendo creer a la gente que escoge por ella misma.

Nada de esto nos debe de ser ajeno, desde las guerras por el control de Mesopotamia, sucedía algo similar; la mayoría de la población prefiere auto alinearse con la esperanza de estabilidad y seguridad.


El cine tiene que encontrar nuevas formas, desde la narrativa hasta la exhibición, se adaptará a los nuevos cambios, de lo contrario perecerá; los nuevos artistas y científicos que van a cambiar el estatus quo, están creciendo apenas, no se conformaran con lo que ven y miran, saldrán de su zona de confort invitando al público a seguirlos aunque sea por un momento, sacudirán nuestras emociones, entonces con nostalgia nos acordaremos de las viejas películas de superheroes, como yo recuerdo a las de Superman con Christopher Reeve, Indiana Jones y las primeras de Star wars, como mis padres recuerdan a Rocío Dúrcal, James Dean, los Beatles y a Elvis Presley, mis abuelos a Pedro Infante y Jorge Negrete, como alguna vez Virgilio recordó a Troya.

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