PEQUEÑAS VICTORIAS.

Photo by Louis Reed on Unsplash

Ludwig Van Beethoven (1770-1827), fue un compositor Alemán, para muchos, el más grande de la historia; sus complicadas transiciones, sus tonos álgidos y fuertes, la combinación de notas, toda su música lleva un sello personal — quienes la escuchan y disfrutan — el autor le hace un guiño a nuestra alma con cada nota.

Uno de los ídolos de Beethoven fue Mozart, quien en vida solo alcanzó un mediano éxito, su música nunca llego a ser del gusto de la época; ambos fueron admirados por Joseph Haydn, maestro de uno, amigo del otro. En esas épocas los artistas vivían a través de un mecenas quien les proveía un sueldo. Beethoven inspirado por el triunfo de la república en Francia a manos de Napoleon, pensaba que debido a su genialidad, debía ser considerado un noble al cual se le tenía que pagar por componer. Fue hasta después de su tercera sinfonía llamada Eroica — al principio se llamó Bonaparte, cambió el nombre cuando esté se proclamo Emperador — que Beethoven alcanzó la fama de toda Viena, así, siguiendo los pasos de Goethe, se convirtió en artista independiente.

Muchos historiadores coinciden en que la fama y éxito de Beethoven creció al ser artista independiente, pues, obligado a conseguir ingresos para su estilo de vida como compositor exploraba en nuevos horizontes musicales, a diferencia de Mozart que siempre buscó refugio entre la nobleza de Viena.

En la actualidad es una práctica común que los artistas busquen vivir de su arte sin estar atados a los gustos de un patrón. Todos buscamos la manera de expresarnos sin estar sometidos a los caprichos de las masas — al igual que Beethoven, queremos mostrar lo que pensamos, explorando nuestra conciencia sin que esto implique que al ofender a alguien, nos ponga en aprietos para el pago de nuestra próxima renta.

Perseguir el sueño de artista independiente — ahora llamado Freelance — es una labor titánica, requiere de sacrificio y esfuerzo, no es sencillo ser jefe de uno; las discusiones con lo que uno tiene en la cabeza nunca son fáciles, agota vencer la incertidumbre día a día.

La mayoría de la gente piensa que una artista está compitiendo con el trabajo de otro — por lo menos así lo dicen las personas más allegadas a mi; un artista está en la búsqueda de una idea original, aquella que le ayude a resolver sus conflictos o por lo menos intentar comprender la realidad que los rodea.

Es triste ver que cada vez más son los artistas que se auto-alinean a las formulas establecidas, hacen oídos sordos a su voz interior. El público ya no quiere ser transgredido, prefiere disfrutar de algo que ya le es familiar. Hoy lo original y autentico es visto como un transgresor de lo común.

Un artista independiente debe de ser paciente, persistente pero también perseverante, por eso siempre anda en la búsqueda de pequeñas victorias que lo ayuden a crecer, a comprobar si el camino es el correcto.

¿Cómo conseguir pequeñas victorias cuándo las personas buscan ideas que reafirman lo que ya saben y conocen?. Los que pueden ayudar a la evolución de un artista, optan por apoyar lo que ya funciona; los espacios que abren sus puertas a nuevos talentos, son espacios hipócritas que exponen lo que ya todos hemos visto y conocemos, tenemos miedo que alguien nos diga “hey, detente un momento y mira la vida de otra manera”. Los concursos son tendenciosos, califican jueces ignorantes, temerosos de probar cosas nuevas o jueces que están obligados a cumplir con una agenda política.

Perseverar en un mundo que cada vez es más cínico es ir contracorriente; para sobrevivir necesitas ceder algo, en la mayoría de los casos todo.

Hay artistas independientes que alcanzan el éxito, esté es solo pasajero; mantenerse en estás épocas llenas de costumbres banales e ideologías, un debe re-inventarse, mejorar — también es fácil repetir lo mismo hasta que el público se canse y, como sabemos el público es incansable. ¿Será que el público es así por qué no hay otras opciones?.

El arte y la ciencia cuando trabajan en libertad ayudan a crear conciencia en la sociedad, expande los límites de la imaginación, alimenta el sentido de la aventura, la curiosidad — aventurarse no es viajar en un trasatlántico encerrado en las atracciones del barco sin sentir el movimiento del mar. Aventurarse es explorar, conocer, mirar, aprender, probar cosas nuevas.

Una sociedad que apoya a sus artistas es característica de un pueblo que desea evolucionar, no se conforma con lo que tiene, desea aprender, imaginar. Es importante no dejar de apoyar a los artistas que están fuera de el sistema, no solo cuidarlos, si no alimentar su proceso creativo.

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