LAMENTACIÓN.

En la navidad de 1642 (calendario Juliano), nació Isaac Newton, su padre murió antes de que naciera y su madre lo abandonó a los tres años en la granja de sus abuelos. Veinte años después, llegó la peste en Londres mientras estudiaba en Cambridge. La ciudad estuvo en cuarentena por 18 meses; durante ese tiempo Newton decidió ir a la granja de sus abuelos donde había crecido. En el transcurso de esos meses, aprovechó el tiempo libre que tenía: invento el calculo infinitesimal e inicio sus trabajos sobre la teoría de la mecánica gravitacional. Al regresar a Cambridge arrojo sus apuntes a un cajón de su escritorio.

En lugar de utilizar tu imaginación, deja caer tu cuerpo al sillón más amplio, ponte a mirar la temporada de esa serie en Netflix de la que tanto hablan. Así funciona la mente cuando estamos —después de mucho tiempo—, dispuestos a utilizarla en algo tan poco común para nosotros, pensar.

No te esfuerces demasiado racionalizando la situación en la que te encuentras, abraza la incertidumbre del momento, estar buscando cada diez minutos un aumento en la estadística de propagación del coronavirus, no va a ayudar de nada a tu situación actual, de hecho, lo que estás haciendo es agotar a tu cerebro, buscas atajos que te justifiquen para no tomar y leer ese libro que ahora funciona para sostener la puerta. Nadie es culpable de lo que sucede ahora en el mundo. Si has llegado a una conclusión distinta a través de una teoría de conspiración o un complot internacional, se debe a que tu mente está aburrida y cansada, no te deja emplear un pensamiento crítico a los patrones que deduces de las noticias que hay en la linea de tiempo de tus redes sociales.

¿Por qué le exiges tanto a tu mente y cuerpo esta cuarentena? La mayoría de las personas que ahora sufren por un encierro obligado en su casa, están acostumbradas a hacer labores que no demandan mucho de su mente y cuerpo; todo lo que hacen lo hacen de manera automática sin conciencia alguna de lo que sucede a su alrededor, solo emplean la cabeza para elegir un platillo del menú o escoger un lugar a donde ir para ver el partido de fútbol. Todos los días camino en lugar de utilizar un auto, procuro caminar lo más posible durante el día, ¿esto me califica para poder correr el próximo maratón de la ciudad? Pasar el tiempo quejándose o sentir ansiedad por el encierro es una decisión, es tu cerebro que dice “ya basta, no quiero convivir contigo, porque no regresamos al modo neutral de siempre”.

Comprendo a aquellos que ahora se ven obligados a convivir consigo mismos, no es cosa sencilla cuando te has ignorado la mayor parte de tu vida, lo mismo estar con otras personas que se supone debes de conocer, ahora con tantos minutos… segundos de convivencia has despertado, y ya no estás dentro de la Matrix, ahora tienes que sacrificar tu valioso tiempo muerto mental y ocuparlo de manera creativa, no es algo sencillo, pero se puede hacer, muchos lo han logrado en el pasado.

A principios de año, mientras la familia decía sus propósitos de este 2020, se preocupaban de no alcanzar algunas metas por no tener tiempo. Si tan solo pudiéramos ocupar nuestro tiempo de manera creativa: leer, alguna conversación pendiente, aprender a tocar un instrumento o un nuevo idioma, no necesitamos después de veinte días de practicar ser unos expertos, solo es poner a trabajar las neuronas del cerebro, alimentar la imaginación y creatividad. En lugar de navegar por quince horas en las redes sociales, compartiendo quejas y criticas, peor, teorías de la conspiración ya mascadas en el pasado, lee quince minutos, mira una película de las clasificadas como “de arte”; en lo personal recomiendo las mudas.

Una decisión que se puede tomar, es terminar por entumir la mayor cantidad de neuronas posibles, es más sencillo que hacerlas trabajar. No te levantes para bañarte, al fin y al cabo nadie te va a ver, mejor aún, no levantarse en lo absoluto de la cama, esta es una oportunidad única para pasar el tiempo con un celular en la mano, frente a un televisor o la computadora, donde la mente solo se entume mientras pasa el día, que nos sorprenda la noche para arrojarnos otra vez a dormir, si es posible, en el mismo lugar donde amanecimos.

Los días pasan rápido, el tiempo y espacio, no se van a detener a esperarnos, al final todo será un recuerdo, para los afortunados estará llenos de anécdotas, para otros será como una laguna, un océano, una página en blanco en sus mentes.

Incluso un ladrillo quiere ser algo.

Louis Kahn.

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